Freno a la inclusión digital

Freno a la inclusión digital

Con las clases ya iniciadas en la mayoría de los distritos, el Plan Nacional de Inclusión Digital Educativa (PNIDE) –que depende del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación– corre peligro de ser eliminado.

El PNIDE fue creado con el objetivo de articular las diferentes políticas públicas de integración de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en las escuelas primarias, secundarias y profesorados de formación. Forma parte de los programas Conectar Igualdad y Primaria Digital, a través de los cuales se entregaron cinco millones y medio de computadoras a alumnos y docentes de escuelas secundarias estatales. El programa ya capacitó a 18.000 docentes, puso en marcha 10.000 aulas digitales móviles y el diseño de un sistema operativo propio –basado en GNU/Linux– para netbooks y servidores de red: Huayra, Huayra Primaria y Huayra Servidor.

“Es un programa nacional que está virtualmente paralizado. Los empleados no tenemos directivas, jefe ni tareas asignadas. Diego Marías –jefe de gabinete del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación– dijo que tenían mucho trabajo y que sabían de nuestra existencia, pero que no habían tenido tiempo para ocuparse de este tema”, dice Javier Castrillo, coordinador general del PNIDE.

Los empleados de estos programas son monotributistas que facturan mediante un convenio de asistencia técnica con la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y están sujetos al decreto presidencial 336/16, que establece que estos convenios serán dados de baja si cada ministerio no solicita su aprobación al jefe de Gabinete de Ministros, con intervención del Ministerio de Modernización. “Es maquiavélico, porque nosotros somos trabajadores y tenemos que ir a pedirle a las autoridades que se hagan cargo y que firmen para que podamos cobrar. Es un maltrato del que yo no tengo memoria. Cuando uno trabajó de lunes a domingo y después tiene que andar explicando en la casa de un amigo o de un familiar que no es ñoqui, se sufre una degradación tremenda”, dice Castrillo.

Al cierre de esta nota, los trabajadores no habían cobrado el mes de enero. De todas maneras, los integrantes del PNIDE –son alrededor de 70–siguen cumpliendo horario y actualizando el software, pese a que todavía no hay una autoridad nombrada a cargo del programa que acredite que cumplen con sus tareas.

Desde que se inició la nueva gestión de Esteban Bullrich al frente del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación no se dieron señales de interés en continuar con el desarrollo de Huayra. “Para nosotros fue importantísimo el desarrollo de un sistema operativo libre, entre otras cosas, por una cuestión de soberanía tecnológica nacional. Hoy estamos viendo cómo Macri se junta con el CEO de Facebook y puede terminar entregando datos personales a las grandes corporaciones. Puede ser un retroceso terrible”, considera Castrillo. Además, recuerda que “personal del área de de software del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde funciona el Plan S@rmiento, vino el 10 de diciembre pasado y nos dijo que iban a ser ellos los que iban a estar a cargo, aunque después se retractaron. Nos preguntaban dónde comprábamos el software y les tuvimos que explicar que teníamos un equipo de investigación y desarrollo, con programadores, diseñadores y documentadores. No les entraba en la cabeza que lo habíamos desarrollado nosotros, es una variable que ni siquiera consideraban”.

Huayra está instalado en todas las computadoras que se entregaron por el PNIDE. Sin embargo, el hecho de que puedan utilizarse tanto con Huayra como con Windows lleva a que los alumnos se inclinen en su mayoría por esta segunda opción, según relevamientos en escuelas. Esta posibilidad de elegir el sistema operativo con el que se inicia la operación de la netbook ha hecho que Conectar Igualdad fuera blanco de críticas de parte de la comunidad de desarrolladores open source. Richard Stallman, impulsor del software libre, llegó a rebautizarlo con sarcasmo como “Condenar a Maldad”. Según Castrillo, “nosotros tomamos el desarrollo de Huayra en 2013 y ya estaba diseñado de esa forma a partir de la licitación. Hay un lobby fenomenal de las corporaciones. Habría que preguntarle a Diego Bossio –anterior titular de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), organismo responsable del programa– por qué no quiso poner un inicio simple en lugar de dos sistemas operativos, ya que su propio equipo en ANSES desarrollaba Huayra”.

Matías Alonso  

http://www.unsam.edu.ar/

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